El Periodismo: artesanía del pensamiento social y compromiso ético
Hoy la información fluye sin cesar. Las narrativas compiten, cruzándose, chocando entre sí, y, algunas veces, se apoyan. En este escenario, el periodismo se encuentra en una encrucijada crucial. El periodista dejó de ser un mero transmisor de datos. Su rol se redefine como una artesanía del pensamiento social. Su labor exige un profundo compromiso ético en la construcción de narrativas significativas para la sociedad. Este ensayo explora esta mirada del periodismo, los desafíos que enfrenta hoy, en el entorno digital y altamente mercantilista, y su potencial para ser un agente de transformación, abogando por la verdad, la justicia y la construcción de sociedades más equitativas.
Minutos del mediodía del 26 de abril de 1991, un grupo de periodistas que iniciaba un taller de capacitación en la Granja Ykua Satȋ, recibía la ingrata noticia del asesinato a balazos de Santiago Leguizamón en la frontera de Pedro Juan Caballero. Era una muerte anunciada. Sus enemigos eran poderosos. Según investigaciones estaban liderados por la mafia fronteriza de la triangulación de la soja, tráfico de drogas, deforestación y otros tipos de ilícitos. Los responsables del asesinato tenían una estrecha relación con el gobierno de entonces.
Entidades de Derechos Humanos y el Sindicato de Periodistas del Paraguay, SPP, indican que hasta este año fueron 21 periodistas los asesinados por causa de su profesión.
En el trabajo de Santiago Leguizamón se encuentran muchos de los elementos que nos llevan a la afirmación de los desafiantes roles y fines del periodismo hoy, multiplicados por el alto desarrollo tecnológico.
“Hacedor de un modelo social, político y cultural”
Tradicionalmente se atribuye al periodismo la búsqueda, codificación, organización y difusión de la información. Un formato que responde a la vieja escuela de comunicación de Laswell: fuente, emisor, medio y receptor. Enfatizaba en la objetividad, imparcialidad, incluso algunos hablaban de neutralidad.
El periodismo es un trabajo basado en el ejercicio de la libertad y uso de la información y los datos que se encuentran en la misma sociedad, trabaja un producto social. El sistema normativo nacional y global le otorga el derecho de manipular tales elementos sociales bajo condiciones éticas y responsables. Se otorga este derecho de trabajar la información para volver a entregar estos datos/hechos a la misma sociedad con la finalidad de generar conocimiento, opinión, debate y acciones sobre los mismos.
La sola colecta y difusión de la información no es la función del periodismo. Le corresponde buscar, procesar, interpretar, organizar y compartir teniendo en cuenta el contexto, incluso acompañar y estar atentos a las repercusiones de su trabajo.
El trabajo periodístico no es neutral. El producto que logra, resultado de un proceso subjetivo o intersubjetivo y responsable, nos pintarán los hechos y la sociedad de una manera y no representará la única manera. Un hecho es un hecho. Pero contar tal hecho tendrá distintos colores. Aunque los hechos pueden ser accidentales siempre hay uno o varios propósitos en el compartir y difusión de estos. Una noticia nunca es neutral, ni objetiva. El periodista ético sí buscará actuar con responsabilidad para lograr que su trabajo sea entendido y confiable.
El o la periodista, codificador/a y difusora de los datos e informaciones, vive en un contexto social y cultural. Aunque lo niegue, es producto/actor de la cultura y a la vez un ser histórico, es decir, hacedor, pensador de un modelo social, político y cultural. Es un ser profundamente subjetivo que trabaja datos e informaciones desde su mirada y comparte el producto de su trabajo hecho con sus ingredientes y colores. Es un actor social y político.
Si anteriormente se lo tenía como el emisor que trasmitía mensajes a un receptor, con las nuevas miradas y las tecnologías, hoy cambió la naturaleza y la acción de este sujeto. Quizá seamos más justo diciendo que el campo está mejor limitado, no por menos importante ni pequeño, su campo forma parte de una porción de la gran torta social, trabaja un aspecto del proceso social.
Quizá sea interesante pensar en el periodista como parte de una extensa red social. No es donde todo se origina, sino donde se da forma a la acción a ser transmitida, recibida desde varios sectores y actores que serán compartidos.
La información no es mercancía
En esta era digital la información fluye a velocidades vertiginosas y las narrativas se multiplican exponencialmente. El rol del periodismo adquiere una relevancia aún mayor. Ya dicho, no es un mero transmisor de información, el periodista es como un artesano del pensamiento social, un constructor de narrativas con la profunda responsabilidad de codificar la información de manera ética y significativa para la sociedad en su conjunto.
Juan Díaz Bordenave (2011), señala que “la información no es una mercancía, sino un bien social, un derecho” (p. 45). Esta premisa sienta las bases para comprender la magnitud del compromiso que recae sobre los hombros del periodista. No se trata simplemente de reportar hechos, sino de interpretarlos, contextualizarlos y presentarlos de una manera que contribuya a la construcción de una ciudadanía informada, crítica y participativa.
El periodista, por lo tanto, es un agente activo en la edificación de una mejor humanidad, donde la dignidad individual y colectiva florezcan en un entorno democrático y respetuoso de la diversidad cultural. Muchos son los que prestan sus rostros, voces y letras en los medios de comunicación, mas no todos son periodistas. Es más, muchos son potentes herramientas que sostienen un sistema corrupto y productor de desigualdades. No por aparecer en los medios se es periodista.
Las tentaciones del periodismo, hoy
Este noble ideal se enfrenta a los desafíos inherentes a una época de inquieto movimiento tecnológico que presiona esta profesión hacia nuevas formas de trabajo, incluso con un peligroso esfuerzo de desvirtuación de sus fines.
Las nuevas herramientas tecnológicas, si bien como tal son poderosas para la difusión y la interacción, también presentan tentaciones que pueden desvirtuar la esencia de la profesión. Una de ellas es la sujeción del ser periodista al servicio de los formatos tecnológicos, que, en definitiva, son formatos impuestos por grades corporaciones mercantiles. Alguien, en alguna lugar, construye una aplicación, app, que debe funcionar según su configuración y sólo según su configuración. Nada mas dictatorial que ella y con ella se somete no solo las teclas del periodista sino todo el pensamiento y las neuronas: una forma de expresarse, una forma de entender.
La seducción de la farándula, el individualismo mercantilista, la lógica del marketing y la figura del influencers pueden desviar al periodista de su compromiso fundamental: la búsqueda de la verdad y el servicio a la sociedad. Ceder a estas influencias implica el riesgo de confundir, manipular o construir narrativas al servicio de intereses particulares, erosionando la confianza pública y debilitando el tejido social.
Constructora de paz y esperanzas.
En contraposición a estas tendencias perniciosas, el periodismo actual demanda un profesional que abogue por la construcción de la paz, que fomente el diálogo y la escucha activa entre las diversas voces y miradas que componen la sociedad. En un mundo donde múltiples sujetos y emisores se manifiestan a través de una infinidad de canales, el periodista debe ser capaz de interpretar estas diversas expresiones, codificando la información con rigor y respeto. Proliferan de noticias falsas. El mundo yace a los pies de las “fake news”, no solo expresadas en textos o historias, hoy también en historias contadas por imágenes creadas por la llamada “inteligencia artificial”, que, incluso, utilizan la imagen y los gestos de una persona real. Se crean realidades a partir de un procedimiento tecnológico.
Estos hechos subrayan aún más la necesidad de una labor periodística escrupulosa, que verifique los hechos y presente relatos responsables y contextualizados.
Es imperativo que el periodismo se aleje de las lógicas puramente mercantilistas que a menudo dictan la agenda de los grandes medios. El periodista debe ser capaz de trascender los intereses económicos de las empresas para priorizar el derecho a la información de la ciudadanía.
Periodismo decolonial
Es crucial desarrollar una mirada crítica hacia los dictados de la colonialidad, superando las perspectivas impuestas y construyendo narrativas desde las propias experiencias y cosmovisiones de nuestros pueblos y culturas. Este “torcimiento paradigmático” implica una transformación profunda en la forma de concebir y ejercer el periodismo, abriendo paso a voces y miradas silenciadas y promoviendo una comprensión más rica y compleja de la realidad. Necesitamos avanzar hacia una radicalidad no “sólo epistemológica, es también social. Descentrar al sujeto, pensar la realidad como un todo integrado entre sujetos, racionalidades y emocionalidades, puede apuntar una salida al presente impase en el periodismo” (Orué, 2021, p. 288).
Es muy sano resaltar los espacios y los trabajos periodísticos que se ponen al servicio de los pueblos originarios, campesinos, movimientos sociales, los más olvidados, sin marginar la participación de otros sectores, para producir el necesario debate para el desarrollo del conocimiento, la democracia, el reconocimiento del uno al otro, y el reconocimiento multisectorial.
Mercantilismo y condiciones laborales
La sociedad mercantilizada, con sus instituciones, incluyendo a los centros formativos, las universidades donde se forman los comunicadores constituyen un gran riesgo, tanto para el buen ejercicio del periodismo libre y responsable, como para la misma sociedad. Este paradigma e ideología inunda el mundo de medias verdades, o verdades interesadas cuyas lógicas solo buscan fortalecer los bienes de los sectores poderosos económicos y políticos, productores de desigualdades.
El periodismo crítico pareciera ser una práctica en vías de extinción dentro de este modelo socio político. Se mantiene sí mediante organizaciones de los mismos trabajadores y algunos críticos que constituyen una enorme minoría en los medios de comunicación. Las condiciones laborales se precarizan, se desvirtúan los fines del periodismo, se atentan en contra del derecho de las mujeres a trabajar ya sea por acosos en el trabajo o por la diferencia de salarios y oportunidades.
Los centros de poder hegemónicos, la clase política nuestra constituyen fabricantes de un periodismo vacío y manipulador, y, es al mismo tiempo, el primer enemigo de quienes se imponen como compromiso el buen servicio a través de su profesión. Ladislao Mello afirma que “dentro de la estrategia del Estado opresor y empobrecedor está también el empobrecimiento de la información y la educación, de modo que no se piense en las posibles causas de la situación y menos aún en las soluciones posibles” (Cáceres, 2023, p. 47).
Persecuciones y asesinatos
El día del periodista paraguaya se recuerda en memoria del primer órgano periodístico de defensa de la independencia por Don Carlos Antonio López, denominado el Paraguayo Independiente.
Y, con el tiempo, los motivos para un día del periodista fueron sumándose: la precariedad laboral, el atentando a la libertad de prensa y expresión, el asesinado de Santiago Leguizamón el 26 de abril de 1991, el asesinato de otros 21 trabajadores de la comunicación y otros tantos en la región, y el cotidiano mensaje del poder mafioso a la libertad de expresión, el trabajo ético y los derechos humanos.
La profesión de periodista es una de las más peligrosas en nuestros continentes que se traducen en persecuciones a comunicadores y asesinatos de varios periodistas en nuestra región.
La mafia instalada en los poderes de los estados atenta contra la democracia y, por supuesto, en contra del ejercicio periodístico y la libertad de expresión
El desafío de un periodismo valiente y profundamente humano
El periodismo en la encrucijada actual se enfrenta a desafíos complejos, pero también a oportunidades trascendentales. Su rol como artesano del pensamiento social y su compromiso ético son más relevantes que nunca en la construcción de sociedades informadas, críticas y participativas. Para reafirmar su papel como pilar fundamental de la democracia y motor de transformación social, el periodismo debe resistir las tentaciones del mercantilismo, abrazar la diversidad de voces, y priorizar la búsqueda de la verdad y el servicio a la ciudadanía. La información, como bien social y derecho inalienable, exige un periodismo valiente, comprometido y profundamente humano.
Referencias
Caceres, O. (2018). VIVIR LA COMUNICACIN. Inclusión, diversidad, pluralidad. Asunción: Arandurä.
Cáceres, O. (Ed.). (2023). POR LA SENDA DE JUAN. Desde Paraguay, America Latina y Otros Sures. Arandurä.
Diaz Bordenave, J. (2011). Aportes a la Comunicación para el desarrollo. (ILATICOM, Ed.) Asuncion: Arandurä. Recuperado el 22 de 11 de 2022
Díaz, J. (Oct -Dic de 1989). La sociedad participativa. CHASQUI(32), 18-27. Recuperado el 05 de 09 de 2023, de https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5791780
Dussel, E. (1998). Etica de la liberacion. En la edad de la blogalización y la exclusión. Madrid: Trotta. Obtenido de https://enriquedussel.com/txt/Textos_Libros/50.Etica_de_la_liberacion.pdf
Freire, P. (2010). Pedagogia del Oprimido. (3a, Ed.) Buenos Aires: Siglo XXI.
Mello, L. (2021). Entre la Palabra y el Silencio. Arandurä.
Orue, A. (Mayo- agosto de 2021). Periodismo en América Latina: colonialidad y traducción cultural. Comunicação Mídia e Consumo, 18(52), 272-290. doi:DOI 10.18568/CMC.V18I52.2539